Por: Libia Ines Penagos Moreno, columnista invitada al Café caliente para el alma.
Frecuentemente ofendemos o somos ofendidos, lo cual es muy común en el ámbito familiar , allí donde tenemos relaciones mas criticas, por cuanto son las que exigen mas de nosotros mismos. Por estar mas tiempos juntos, por reflejar en el hogar todo que traemos de nuestra infancia y del hogar de nuestros progenitores, por la confianza, por el egoísmo, por la indiferencia, en general, por la dureza de nuestro corazón, tendemos a herir con mayor frecuencia y mas profundamente con los que comparten su vida con nosotros, es decir a nuestra propia familia.
Se ofende con tanta facilidad (con gestos, palabras, actitudes, miradas, omisiones, y un sinnúmero de cosas más) , que se vuelve una rutina permanente, pero lo mas tenaz es que cuando lo se quedamos tan tranquilos esperando que el otro venga a pedir perdón por la ofensa. Muchas veces no se percata que esa actitud, si no se reacciona a tiempo, día a día se va volviendo una bola de nieve, y para muchos una situación, casi imposible de controlar, llegando incluso hasta la violencia física, tratando de destruirse. Y es a los que mas amamos a los que ofendemos.
El mismo manual de vida, la Biblia, nos invita en Santiago 5:6: a actuar, nos dice: “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados, la oración eficaz del justo puede mucho”.
Y no yéndonos muy lejos en la misma oración que nos enseño Jesucristo, el Padre nuestro, dice: “Perdónanos nuestras ofensas, así como también perdonamos a los que nos ofenden”. Pero lastimosamente para muchos es solo un rezo, no una actitud que debe tomar, según la oración allí descrita.
Si esto es lo que usted esta viviendo hoy, le invito para que haga un alto en el camino y decida buscar remedio definitivo, la cura que le va a quitar ese peso de encima, ese dolor que le esta atormentando, esa decepción que lo tiene angustiado y es soledad que quizás le esta matando. Es necesario que habrá su corazón y proceda a limpiarse confesando la ofensa y pidiendo perdón. La oración es un maravilloso recurso de sanidad dado por Dios, a través de la cual puede llegar a la presencia de Dios y pedir la dirección y sabiduría para que sus palabras se llenen del poder que proviene de la guía del Espíritu Santo en su vida, y sea habilitado con un genuino deseo de perdonar y de pedir perdón.
Cuando ofendemos a Dios, tenemos en Cristo el mediador que necesitamos para ir a su encuentro en busca de perdón. De igual forma puede hacer con aquel o aquellos a quien ha ofendido que le han herido; puede pedir por medio de Jesucristo al Padre que le permita ser capaz de dar y recibir el perdón que tanto necesita. El perdón es la medicina que sana toda amargura, resentimiento, culpa de nuestra alma.
Decida perdonar y recibirá perdón, comience a amar y será amado. Todos los miembros de la familia necesitan vivir y experimentar la sanidad de Dios en su corazón, la cual se obtiene por medio de la oración y el perdón. Este es el mejor momento para expresar amor y cariño a los que ama, pues ahora cuando ellos lo pueden disfrutar. Cuando uno de ellos se vaya a la presencia de Dios, nos quedara la satisfacción de haberles dado y expresado lo mejor de nosotros.
Recuerde ese lindo poema. “En vida hermano, en vida”
Ya que luego será peor el remordimiento ~ y la zozobra de no haber podido disfrutar en vida con ellos.
