Por: Aldo Manuel Carreño Ditta, columnista invitado, espe~ta en Gestión Pública
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En el Principio Dios llegó a Colombia y creó a Álvaro Uribe Vélez.
Y Dios contempló lo hecho y acabó diciendo.”He logrado un excelente resultado”
Y tras aquel excelente resultado, muy relajado concluyó el Sexto día.
Al Séptimo día, Dios descansó. En aquel momento el arcángel le susurra al oído: Dios, ¿cómo sabes que lo que has elaborado es extraordinariamente excelente? ¿En qué datos se basa tu creatividad? ¿Crees que has sido demasiado justo e imparcial frente a los demás colombianos?
Dios meditó sobre estas cuestiones durante todo el día y volvió a descansar, no sin ocultar su gran ofuscamiento.
Al Octavo día Dios exclamó: Mono Jojoy ¡vete al infierno!”.
Así nació en un momento de gloria y esplendor todo un legado de nuestro presidente Álvaro Uribe Vélez, es decir algo así como la verdadera historia de un paraíso perdido. Y con él, sin ser temeroso ni temerario, surgió la “Seguridad Democrática”.
Las playas volvieron a sentir la humedad de las aguas del mar, las carreteras a percibir el adiós del turista, el campo la pisada del campesino, el olor a guayaba, y el aroma de la primavera. La inversión dejó el extranjero para quedarse en Colombia.
Y todo porque Dios al crearlo como extremadamente excelente, lo dotó de creatividad, de objetividad, como un hombre lleno de virtudes y de análisis; con pulso firme para la crítica y la evaluación, con ideales sensibles medibles y válidos. Y así todo podía mejorar, la eficacia y la eficiencia, sus programas y sus acciones, sus fines y objetivos.
