Por: Rafael Humberto Guerrero Jaimes, columnista invitado.
Gustavo Petro es un hombre inteligente, estudioso, y bien estructurado; con claridad conceptual, es capaz de ver primero el bosque, para luego detallar los árboles.
Petro es bien intencionado. Fue un excelente candidato. Pero ¿será buen alcalde? Tengo la respuesta: si es capaz de conjugar el romance con la praxis; si armoniza su conocimiento con la imaginación y el sentido común; si maneja la relación política y empresarial; si ordena las prioridades, racionaliza los recursos y se asesora bien. Si, así será un excelente alcalde, y parará el “salón de la fama”, al lado de Jorge Eliecer Gaitán, Virgilio Barco, Andrés Pastrana, Jaime Castro, Antanas Mockus y Enrique Peñaloza.
Por ejemplo en la relación política, tiene por ahora Petro la coalición del concejo en su contra. Y esto es natural, dada la fuerza de la oposición. Deberá, entonces el alcalde, que propiciar un acercamiento con la clase política y empresarial para facilitar su gestión ejecutiva.
Bogotá no es fácil. Es una mega metrópoli con muy serios problemas. Su principal, y son multivariados, es la movilidad y su tendencia a la expansión urbana. Aquí tendrá Petro que definir, sobre la construcción del metro (con un altísimo nivel de complejidad) o sobre continuar con el impulso a sistemas masivos de transporte. Por ahora el alcalde inició con políticas de desmotivación del uso del vehículo privado, con aplicación de tarifas “premio y castigo” a los parqueaderos según su cercanía o no a las zonas críticas de movilidad. También expreso Petro su opinión favorable hacia políticas y proyectos de densificación urbana, en contra de la expansión urbana.
Y es que todo buen alcalde de Bogotá, deberá tener el doble perfil de excelente ejecutor y mejor planificador. Así los planes de desarrollo y los POTs del Distrito Especial, deberán proyectarse con horizontes muy amplios. Y en ellos, contemplar, además de los planes de manejo a las afectaciones nacionales y locales, también las respuestas para los impactos ambientales planetarios, como el cambio climático y la contaminación biosférica.
El alcalde de Bogotá deberá mirar hacia otras urbes pares, para replicar sus virtudes y aciertos y evitar sus errores. Por ejemplo emular: las fuerza integral del colectivo social de Medellín; el modelo ambiental de Curitiba; la respuesta ciudadana de Oslo y Estocolmo; la democracia participativa de las ciudades norteamericanas; la capacidad de respuesta de Tokio a los desastres naturales. Y deberá evitar los impactos contaminantes de México y Santiago de Chile y el desorden de las grandes urbes asiáticas.
Valioso reto para Gustavo Petro la alcaldía de Bogotá. Le llego la hora de demostrar su temple y valía, le llego el momento de “ponerle el cascabel al gato”. Si tiene éxito, tendrá expedito el camino, para convertirse algún día en presidente de Colombia. Si su labor es gris, entonces Bogotá sufrirá un nuevo retroceso en su desarrollo y Petro tendrá sus alas recortadas para vuelos cortos.

Como siempre, leo sus comentarios y columnas con el agrado de encontrar un buen análisis con fundamentos estructurado, metódico y académico y, con visión que, a veces pienso, como si se estuvieran escribiendo a la semejanza unas “cuartillas” ???
T:.A:.F:., Hugo Espinosa
Muy bien enfocado el tema, sin apasionamientos ni malicias muy bien distinguido amigo, siga con esa pluma para adelante
Interesante artículo sobre el destino de la capital de nuestro país en especial si tenemos en cuenta que es la ciudad más poblada, con mayores problemas por resolver.