El rosario de quejas por la situación económica no solo se siente en el lado colombiano. En San Antonio, ciudad vecina a Cúcuta los comerciantes se duelen por la caída en las ventas del 40 por ciento.
Fredy Claro es ciudadano colombo venezolano, comerciante hace más de dos años que cuenta que la microempresa de esta ciudad se encuentra al borde de la quiebra por cuenta de la pérdida del poder adquisitivo de los venezolanos.
A esto se suma que gandolas (mulas) con mercancía dejaron de circular por la avenida Venezuela, lo que acabó de matar el comercio.
En esta calle de poco más de un kilómetro pululan los almacenes de confecciones (ahora en su mayoría venezolana, de menor calidad en textiles y diseño), repuestos de vehículos y algunas cafeterías.
Muy pocos se atreven a hablar del drama económico en el que están. Y los que lo hacen piden que no digan su nombre por miedo a represalias de las autoridades de su país. Eso dice un hombre moreno y corpulento de un almacén de repuestos de autopartes.
“Aquí en la avenida Venezuela ya se puede jugar un partido de fútbol porque espantan. La ilusión es esperar a que cambie el Gobierno de Colombia y que las cosas se normalicen, pero es difícil con el presidente de este lado”, en referencia a Hugo Chávez.
El hombre dice que su negocio rebajó las ventas en un 50 por ciento ya que los camioneros colombianos, que eran sus grandes clientes, no volvieron a pasar.
Hace seis años que Jesús Hurtado es vendedor ambulante en San Antonio. Este colombiano, que también tiene nacionalidad de Venezuela, explica que su negocio muestra un decrecimiento del 100 por ciento.
“Yo creo que las cosas van a cambiar con el nuevo presidente de Colombia. Esta situación no se la aguanta nadie”, recalca.
Otro de los que pide que su nombre se mantenga en reserva es una joven que administra un almacén de ropa. La mujer dice que la producción en su mayoría se reemplazó por productos venezolanos que aunque son de menor calidad, también tienen demanda.
Pero reconoce que las manufacturas colombianas todavía las reclaman los consumidores.
Alfredo Gutiérrez también es propietario de un almacén en la misma avenida. Hace 32 años que tiene el negocio y le han tocado las épocas de bonanza y ahora de escasez.
“Hemos pasado por todas las temporadas. Es cierto que la mercancía colombiana es mucho mejor sin embargo para nosotros no es rentable comprarla porque con la caída del bolívar no es negocio”.
Mientras la guardia venezolana hace intensos operativos de requisa, en el puente Simón Bolívar cientos de colombianos y venezolanos van de un lado a otro. El panorama es complicado pero como en el lado colombiano, aquí también se tiene la esperanza de que la relación política y económica inicie una nueva era. “Es que además también nos hacen falta los productos colombianos, que se consiguen de contrabando, pero mucho más costosos. Aquí la situación también es crítica”, otro ciudadano venezolan
